Las células-arquitecturas
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El cortometraje PLAY (aprox.10 minutos, 2007) representa un viaje desde el último tramo del intestino a las extremidades superiores del cráneo, con las tres partes del cerebro del hombre.
Las células del cuerpo humano se convierten en arquitecturas, paisajes, jardines recogidos, habitaciones de la memoria, vuelos, sueños, piedras dispuestas según un orden silencioso, extraños animales marinos, espejos nublados, cosmos florecidos, insectos, pequeños tesoros hechos de guijarros.
De nuestras cartografías del ser se erigen paredes, murallas, diafragmas, confines. Se forman islas, archipiélagos, océanos y volcanes. Las células se transformanen recuerdos, lugares y sus arquitecturas se disuelven en vapores, se solidifican en piedras o se derriten en líquidos.

Los colores siguen el orden del espectro visible de la luz: del rojo al ultra-violeta y vuelven al verde, no el verde de la naturaleza si no el verde de la visión, de la visio smeragdina que implica el pasaje a una dimensión superior. El ojo verde, como un corazón de esmeralda, emana una luz tan intensa que deslumbra. La noche oscura del alma se aproxima al final, el verde es tan potente que las tinieblas desaparecen.
Estamos curados, podemos volver a empezar
  Il cortometraggio PLAY(durata circa 10 minuti, 2007) rappresenta un viaggio dall’ultimo tratto dell’intestino alla estremità superiore del cranio con le tre parti del cervello dell’uomo.
Le cellule del corpo umano si fanno architetture, paesaggi, giardini racchiusi, stanze della memoria, voli, sogni, pietre disposte secondo un ordine silenzioso, strani animali marini, schermi annuvolati, cosmi fioriti, insetti, piccoli tesori fatti di sassi.
Dalle nostre cartografie dell’essere si ereggono muri, pareti, diaframmi, confini.
Si formano isole, arcipelaghi oceani e vulcani. Le cellule si fanno ricordi, luoghi e le loro architetture si dissolvono in vapori, si coagulano come pietre o si sciolgono in liquidi.

I colori seguono l’ordine dello spettro visibile della luce: dal rosso all’ultravioletto e poi ritornano al verde, non il verde della natura, ma il verde della visione, la visio smeragdina, che implica il passaggio a una dimensione superiore. L’occhio verde, come un cuore di smeraldo, emana una luce cosí intensa che abbaglia. La notte oscura dell’anima volge alla fine, il verde è cosí potente che le tenebre si annullano.
Siamo guariti, si può ricominciare.